DÉJELA QUE SE ACOSTUMBRE
Harry Wohlstein R.
Libro "Espíritus Locales"
Editorial Lumbre.
- Finca sin agua no es finca. La sentencia de Juancillo ubicó con crudeza a Don Lisanías ante los tristes y marchitos naranjos de su finca.
- Juancillo, usted es de poco hablar pero cuando lo hace, punza y bien adentro, exclamó Don Lisanías, moviendo su cabeza hacia ambos lados, para luego, dándose un breve espacio, decirle en tono apesadumbrado:
- No sé si usted sabe que me está recordando, además, la hipoteca, que la tengo como una soga amarrada al cuello. ¡Ayúdeme Juancillo y así nos ayudamos los dos!
Don Lisanías, siempre emprendedor y ocurrente, se había embarcado con la compra de la finca; la tenía casi toda sembrada de naranja Valencia, sabedor de que reunía las condiciones de temperatura, radiación solar, altitud y humedad indispensables para su cultivo óptimo. Pero, como él mismo dice: -siempre hay peros, peritos y perotes para el agricultor. Resulta que el yurrito que surte el agua para riego se secó y, para rematar, el verano estaba en la puerta y pintaba muy ventoso y largo; tan largo que sus arbolitos no resistirían esperar a la próxima temporada lluviosa.
Las palabras de Juancillo, “finca sin agua no es finca”, le repicaron, de repente, como martillazos en la cabeza. Pensó que su horizonte no podía estar más oscuro, no porque se avecinara lluvia, -¡ojalá fuera eso!, hubiera dicho-, sino por que no veía ninguna salida.
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